Columna «Disvargaciones» por Lalo Vargas
Rolando por las calles de la castigada Villahermosa no es raro encontrar en los semáforos a un ejercito de “emprendedores” que lo mismo limpian parabrisas, realizan actos circenses, venden algún producto de primera necesidad, como los platanitos y chicles, o simple y sencillamente piden “un peso” abogando a nuestra buena voluntad.
Con una campaña presidencial que no se cansó de vociferar que primero eran los pobres me sigo preguntando qué hace esa gente en el semáforo, ¿acaso los programas sociales no aplican para ellos?, pero también son pobres ¿no?, hay quienes afirman que a esa gente les gusta vivir así, los únicos impuestos que pagan son los del IVA de lo que compran con sus limosnas y productos vendidos, que yo les recomendaría anduvieran con cuidado porque tarde o temprano el SAT creará un impuesto a los que se dediquen a chambear en los semáforos, entonces tal vez ya no sea negocio, ni para la gente que pide dinero, ni para la gente que los “cuida”.
Siempre me he preguntado por qué esa gente sigue allí, con sol, con lluvia, con frio, con calor, arriesgando la vida, entonces entiendo que ya no tienen nada que perder, y aún así no comprendo por qué siguen allí, entonces se me ocurrió hacer un ocioso ejercicio que resolvería sus problemas, quiero aclarara que el ejercicio que les invito a leer a continuación se tome como lo que es, una simulación llena de fantasía y surrealismo que tal vez imposibilite su realización en términos prácticos o lo que es lo mismo, no lo hace factible.
Imaginemos que tenemos una familia pidiendo dinero en el semáforo, de esas que no hay en todo México, ustedes saben, papá, mamá, cinco hijos, los abuelos, los perros y lo que acumule, entonces un buen día deciden comprar dulces y venderlos en el semáforo, ya no limpiarán parabrisas, ya no pedirán dinero sin nada a cambio.
El emprendimiento de la familia logra buenos dividendos y deciden dejar de lado los dulces, es hora de invertir en algo más sustancioso por lo cual escalan a otros productos como frutas de temporada y accesorios para celular.
Las cosas siguen saliendo bien para nuestra familia emprendedora por lo que logran salir de las calles y se consiguen un local pues ahora van a vender comida, sin embargo ya otras familias, conocidos de ellos, que al ver el éxito logrado deciden intentar el modelo de sus colegas y quieren hacer lo mismo, se dan cuenta que no es fácil y piden consejo a la familia emprendedora original, para esto el jefe de familia se da cuenta que podrían “asociarse” con otras familias y replicar el éxito por lo que decide crear una especie de organización que aglutine a varias familias que por supuesto deben pagar a la familia original una pequeña cantidad por las asesorías.
Después de un tiempo es organización se convierte en un sindicato bien estructurado, pero comienzan a existir divisiones internas generando una desbandada por todos lados ocasionando la creación de nuevas organizaciones similares a la original.
Los enfrentamientos entre organizaciones crecen tanto que la inseguridad toca a la puerta de los agremiados y se deben tomar medidas pertinentes por lo que se ven en la necesidad de pagar por “protección” lo que deriva en una escalada de violencia entre organizaciones a tal grado que los mercenarios se vuelcan en contra de sus patrones volviéndose sus extorsionadores generando un déficit en las ganancias de las organizaciones que finalmente terminan quebrando y sus miembros regresan, eventualmente, a mendigar a los semáforos.
Con el tiempo uno de los jóvenes miembros de esas familias logra concluir una carrera universitaria como guionista de cine, escribe un guion contando la historia que le tocó vivir, mismo que logra vender a una plataforma de series y películas que decide darle forma de serie para aumentar su catálogo de contenido referente a la pobreza y violencia del país, que muchas veces son en realidad denuncias disfrazadas de ficción esperando a que alguien haga algo.
Si llegaron hasta aquí se los agradezco, pero no se tomen literal lo que acaban de leer, solamente son Disvargaciones infundadas, ¿me regalan un peso?